17 janvier 2017

Del Amor y la Locura

L'Amour vainqueur ou L'Ingegno, par Giuseppe Maria Crespi, vers 1695-1700 


Cuentan que una vez se reunieron en algún lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los seres humanos. Cuando el Aburrimiento había bostezado por tercera vez, la Locura, como siempre tan loca, les propuso: ¡vamos a jugar a las escondidas! La Intriga levantó la ceja intrigada y la Curiosidad sin poder contenerse le preguntó: ¿A las escondidas? y... ¿cómo es eso...? Es un juego, explicó la Locura, en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, y cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego. El Entusiasmo bailó entusiasmado secundado por la Euforia. La Alegría dio tantos saltos que terminó convenciendo a la Duda, e incluso a la Apatía, a la que nunca le interesaba hacer nada. Pero no todos querían participar: La Verdad prefirió no esconderse... ¿¿¿ Para qué??? ...si al final siempre la hallaban. Y la Soberbia opinó que era un juego muy tonto (en realidad lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella)... y la Cobardía prefirió no arriesgarse. “Uno, dos, tres...” comenzó a contar la Locura. La primera en esconderse fue la Pereza; como siempre tan perezosa, se dejó caer tras la primera piedra del camino. La Fe subió al cielo y la Envidia se escondió tras la sombra del Triunfo, quien con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La Generosidad casi no alcanzó a esconderse: cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos... que si un lago cristalino para la Belleza; que si una hendida en un árbol, perfecta, para la Timidez; que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la Voluptuosidad; que si una ráfaga de viento, magnífico para la Libertad. Y así terminó por acurrucarse en un rayito de sol. El Egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio: aireado, cómodo... pero sólo para él. La Mentira se escondió en el fondo de los océanos... (Mentira, se escondió detrás del arco iris). La Pasión y el Deseo se escondieron en el centro de los volcanes. El Olvido... se me olvidó dónde se escondió el Olvido, pero eso no es lo más importante. La Locura contaba ya novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve, y el Amor aún no había encontrado sitio para esconderse entre las flores. “Un millón”, contó la Locura, y comenzó a buscar. La primera en encontrar fue a la Pereza... a sólo tres pasos detrás de unas piedras. Después se escuchó la Fe discutiendo con Dios sobre Teología, y a la Pasión y al Deseo los sintió vibrar entre los volcanes. En un descuido encontró a la Envidia y claro, pudo deducir dónde estaba el Triunfo. Al Egoísmo no tuvo ni que buscarlo: él solo salió disparado de su escondite, que había resultado ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la Belleza; y con la Duda resultó ser más fácil todavía, pues la encontró sentada en una cerca sin decidir aún dónde esconderse. Así fue encontrando a todos: Al Talento, entre la hierba fresca... A la Angustia, en una oscura cueva... A la Mentira, detrás del arco iris, (mentira... en el fondo del mar). Hasta al Olvido, quien ya se había olvidado que estaba jugando a las escondidas. Pero el Amor no aparecía por ningún sitio. La Locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyo del planeta, en la cima de las montañas, y cuando estaba a punto de darse por vencida, divisó un rosal y pensó: “El Amor, siempre tan cursi, seguro se escondió entre las rosas”. Tomó una horquilla y comenzó a sacudir las ramas, cuando de pronto un doloroso grito se escuchó: Las espinas habían herido los ojos del Amor. La Locura no sabía qué hacer para disculparse: lloró...rogó... pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo. Desde entonces, desde que por primera vez en la Tierra se jugó a las escondidas, el Amor es ciego... y la Locura siempre lo acompaña.  



Mario Benedetti